PROTECCIÓN CONTRA LA INTEMPERIE. EL FRIO

EL FRIO

Todos los años tenemos noticias de graves lesiones y muerte de personas expuestas a los efectos del frío o el calor. Su acción o efectos no siempre se evidencian de manera que nos hagan pensar que los procesos de enfriamiento o sobrecalentamiento se han desencadenado. Incluso suele ocurrir que, a pesar de que nuestros mecanismos de defensa se ponen en marcha cuando los parámetros de temperatura se disparan por encima o por debajo de los sostenibles, dándonos la voz de alarma, no le prestamos la debida atención; pudiéndonos conducir a una peligrosa situación, ya que su acción va inhibiendo las capacidades de reacción hasta que, llegado un momento, sin ayuda exterior, es imposible hacerlo.

          Generalmente, tanto el frío como el calor no son elementos que actúan aislados sobre el organismo. Sus consecuencias son el resultado de la interacción con otros como el viento, la humedad, la fatiga, el ayuno o la deshidratación; factores de los que hablaremos en otro artículo.

COMO REGULARIZAMOS NUESTRA TEMPERATURA

La vida existe sólo dentro de unos márgenes muy estrechos de temperatura, cuyos límites superior e inferior están impuestos por la naturaleza de las reacciones bioquímicas; las cuales son extremadamente sensibles a los cambios de temperatura.

Para nosotros, la temperatura media normal en la parte central y cerebro es de entre 36,5 y 37,5 ºC., y de entre 36,5 y 35,5 ºC., en la superficie de la piel, situándose los márgenes de supervivencia entre los 43-44 ºC., y los 28-26 ºC.

Cuando la temperatura corporal se sitúa por encima de los 41 ºC., se entra en una hipertermia y cuando desciende por debajo de los 34 ºC., en una hipotermia. Como consecuencia, para poder vivir, o bien debemos encontrar un ambiente externo cuyas temperaturas oscilen entre los 40 ºC., y los 21 ºC., o bien deberemos conformar nuestro propio ambiente.

La vida existe sólo dentro de unos márgenes muy estrechos de temperatura

El modo como afrontamos estas situaciones es, regulando nuestra temperatura mediante la generación o perdida de calor. De esa manera, dentro de unos márgenes, podemos mantener relativamente constante nuestra temperatura interna; a pesar de los cambios externos que la circundan.

Una de las demostraciones más simples y vistosas de esta capacidad fue llevada a cabo hace unos 200 años por el Dr. Charles Blagden, físico y químico, secretario de la Royal Society de Londres. Tomando consigo a unos pocos amigos, un perro y un bistec, entraron en una habitación que tenía una temperatura de 126 ºC. Todo el grupo permaneció allí durante 45 minutos. El Dr. y sus amigos salieron sin ningún daño. Lo mismo le ocurrió al perro; metido en un cesto, para evitar que sus patas sufrieran quemaduras por el calor del suelo. Pero el bistec, estaba cocido.

          El calor corporal se produce por la reacción entre, las calorías ingeridas y el oxígeno respirado del aire, generando energías mecánica y termodinámica, así como grasa (que queda como reserva de energía), encargadas de mantener en funcionamiento todos los órganos del cuerpo, alimentando a todas las células. Como hemos visto, nuestra temperatura es mayor en el interior que en la periferia del cuerpo. Así, toda vez que, cuando las distintas partes de un cuerpo se encuentran a diferentes temperaturas, se origina un flujo calorífico desde las de mayor a las de menor temperatura, el calor será transportado desde el interior del organismo hacia la periferia. Esta diferencia de temperatura permite crear unos mecanismos de regulación y es el sistema circulatorio el principal encargado de ella.

REGULACIÓN A BAJAS TEMPERATURAS:

Cuando las temperaturas externas bajan, los vasos sanguíneos cutáneos se contraen y se incrementa el sistema metabólico. Al contraerse, se limita la pérdida de calor a través de la superficie de la piel, concentrándolo en los órganos vitales, que lo necesitan para su correcto funcionamiento.

En respuesta al frío:

  • Las glándulas tiroides aumentan la producción de hormona tiroides que intensifica el ritmo metabólico.
  • La glándula suprarrenal produce adrenalina, que también eleva el ritmo metabólico del cuerpo, aumentando la producción de calor.
  • Se generan estremecimientos involuntarios, escalofríos o tiritonas; que son otra de las formas como el cuerpo eleva la producción de calor; ya que con ello moviliza glucosa y ATP (fosfatos de adenosina), almacenados en los tejidos.
  • Si se recurre al ejercicio físico, también se consigue incrementar el calor corporal, transformando la energía empleada en él, en energía calorífica (segunda ley de termodinámica).

Como consecuencia de estas respuestas, las reservas de energía útil disminuyen constantemente y tienen que ser reemplazadas.

COMO PERDEMOS CALOR.

POR CONVECCIÓN:

El calor generado por nuestro organismo hace que, alrededor de la superficie corporal, se engendre una delgada envoltura de aire, configurada por sucesivas capas isotermas, que mantienen temperaturas que van desde la de la superficie del cuerpo en la isoterma más próxima a la piel, hasta la ambiente en la más alejada. De esa manera, se ralentiza el intercambio de calor entre el cuerpo y la atmósfera.

Cuando la temperatura atmosférica es inferior a la del cuerpo, esa envoltura de aire va transfiriendo calor de sus capas más internas a las más externas, creando un flujo ascendente tanto más rápido, cuanto mayor es la diferencia de temperaturas.

Puede llegar a ser tan rápido, que difumine el manto: cuando el viento es fuerte, arrastra la envoltura de aire caliente y la transmisión del calor del cuerpo se hace mucho más rápidamente; por lo que el peligro de enfriamiento se acrecienta proporcionalmente.

POR CONDUCCIÓN:

Para que exista conducción de calor, es preciso que se establezca un contacto entre dos cuerpos desigualmente calentados. Cuando eso ocurre, el cuerpo más caliente transfiere su calor al frío. En busca de un equilibrio de temperatura.

La velocidad de transmisión depende de la diferencia de temperaturas y del tamaño de la superficie en contacto.

POR RADIACIÓN:

La radiación térmica es la emisión de energía calorífica en forma de ondas electromagnéticas. A diferencia de la transmisión por conducción, no se necesita el contacto entre el cuerpo que la emite y el que la absorbe.

En condiciones normales de trabajo y temperatura media, es el mecanismo por el que más calor se pierde, Alrededor del 60%.

POR EVAPORACIÓN:

La evaporación es el proceso físico por el cual, mediante un gran consumo de energía, el agua pasa de líquido a gas. La energía necesaria para llevar a cabo esa transformación es de 0,539 Kilocalorías por cada gramo de agua evaporada. Como consecuencia de este gasto, se produce un enfriamiento que provoca la pérdida de alrededor del 22% del calor corporal.

La evaporación de agua en el organismo se produce por los siguientes mecanismos:

  • Transpiración: Se lleva a cabo de manera permanente siempre que la humedad del aire sea inferior al 100%, a través de los poros de la piel y las vías respiratorias. Por este mecanismo perdemos aproximadamente 0,800 litros de agua diarios.
  • Sudoración: Cuando el cuerpo se calienta por encima de lo normal, se produce una vasodilatación de los vasos periféricos y en consecuencia un incremento de la circulación sanguínea hacia la superficie, que transfiere agua a las glándulas sudoríparas. El sudor, al ser evaporado, consume energía y enfría la superficie de la piel.
    • No es necesario que la temperatura ambiental sea alta para sudar. Se puede sudar a temperaturas bajo cero si estamos desarrollando en ese ambiente un esfuerzo y el exceso de ropa o la impermeabilidad de la capa externa, impiden su evaporación; lo que implica un serio peligro.

LA ADAPTACION AL FRIO.

Cuando en una fría mañana de invierno saltamos descalzos de la cama, normalmente, preferimos hacerlo sobre una alfombra a hacerlo directamente sobre el suelo. Aunque están a la misma temperatura, la alfombra nos parece más cálida; pero si tocamos algo metálico, entonces, sentimos más frío que al tocar el suelo.

Estas diferencias aparentes en la temperatura, realmente, son diferencias en la velocidad a las que estos tipos de materiales conducen el calor desde nuestro cuerpo hacia ellos:

  • El metal es un excelente conductor. Por ese motivo, con temperaturas bajo cero, nunca debe coger utensilios metálicos con las manos desnudas; la transmisión de calor podría ser tan rápida que sus dedos se congelasen, quedando adheridos a ellos.
    • Los malos conductores como la lana, el aire y la grasa, sirven como aislantes.
  • El agua es mejor conductora que el aire. Un hombre se encuentra confortablemente a una temperatura de 21 ºC, pero no dentro del agua a la misma temperatura.
    • Bien equipados, podemos vivir a temperaturas de un par de grados, pero con esa misma temperatura y equipamiento, en el agua no resistiríamos más de media hora.

Nos adaptamos al frío:

  • Sobre todo, aumentando nuestro aislamiento. Bien sea mediante un buen equipamiento, o permaneciendo en refugios adecuados.
  • Aclimatándonos a él: a pesar de los pequeños márgenes establecidos, las personas que habitan en zonas frías están mucho mejor preparadas para soportarlo.
  • Manteniendo nuestro metabolismo por la ingestión de alimentos, que aporten al organismo la energía necesaria. De no suministrárselos, se verá obligado a utilizar sus reservas.
El iglú constituye el mejor refugio de supervivencia en ambiente invernal. Bien construido, mantendrá una temperatura interna entorno a los 2 o 3 ºC mientras el exterior puede estarlo a 30 ºC bajo cero.

EFECTOS DE LAS BAJAS TEMPERATURAS.

          Cuando nos exponemos al frío, cuando la temperatura ambiente, o la sensación térmica se sitúan por debajo de los 10 ºC., se produce en nuestro organismo un gran incremento de pérdida de calor por convección y radiación. Como consecuencia, reacciona provocando una vasoconstricción; es decir, una contracción de los capilares periféricos. Ese mecanismo, en un intento por evitar la pérdida del calor, necesario para que los órganos vitales desarrollen su función, incrementa la capacidad aislante de la piel; pero a su vez, favorece una posible congelación.

  • El 50% del calor producido, se pierde por la cabeza y cuello cuando están descubiertos, alcanzando el 75% cuando la temperatura es de 15 ºC. bajo cero.
  • Aparte de la cabeza y el cuello, las partes más vulnerables son las manos, los pies y los genitales.

          Sintomatología del enfriamiento:

  • El primer síntoma de frío es el temblor. Temblores o tiritonas que cada vez se producen de manera más seguida e intensa.
  • El aterimiento, provoca una disminución en la destreza manual, falta de fuerza en las manos para realizar tareas sencillas, como subir o bajar una cremallera, desenroscar el tapón de la cantimplora, encender un mechero, abrochar una correílla de la mochila, girar la llave en una cerradura, etc.
  • Comportamiento extravagante: efectos alternados de euforia y decaimiento, torpeza mental e incremento de la debilidad física.

La congelación, que aparece en función de la temperatura, el grado de protección y el tiempo de exposición, provoca:

  • Somnolencia, aturdimiento visual y confusión mental.
  • Dolor, insensibilidad y pérdida de fuerza, progresivos en las partes afectadas, impidiendo el manejo del equipo y material.

PRINCIPIOS PARA MANTENERSE CALIENTE.

          Tenga en cuenta los siguientes principios:

  • Primero y fundamental: Usted no “coge frío”, pierde calor.
  • Cuando siente frío es que ya ha perdido calor. Evite a toda costa llegar a sentir frío.
  • Tampoco se “ahogue de calor”. Manténgase seco, evite sudar. Si llega a sudar, se humedecerá la superficie de su cuerpo y con humedad se soportan mucho peor las bajas temperaturas; además, iniciará la evaporación y perderá más calor.
  • Simplemente, siéntase confortablemente caliente.
  • La ropa, por si misma, no genera calor.
  • La ropa debe aislar y proteger, pero también debe ofrecer posibilidades de ventilación, permitiendo escapar la humedad y calor excesivos. Por el llamado «efecto chimenea», el exceso de aire caliente puede ser expulsado por las aberturas superiores, mientras el frío penetra por las inferiores. Regule esas aberturas para controlar el calor de su cuerpo.
  • La ropa sucia o húmeda aísla muy pobremente.
  • La ropa debe poder ajustarse a la temperatura exterior y al esfuerzo que en cada momento se esté realizando:
    • No espere a empezar a sudar. Quítese ropa, conforme vaya entrando en calor.
    • Por el contrario, no espere a empezar a perder calor. Abríguese antes.
  • Si su ropa no es suficiente para protegerlo del frío, recurra a su equipamiento de vivac (saco de dormir, tienda, poncho o refugio de circunstancias).
  • Cuando se aproxime al refugio o al final de la jornada de marcha, disminuya el ritmo para que al llegar se encuentre completamente seco.
  • No pase la noche con ropa húmeda. Póngase seca y si no tiene, duerma desnudo. Al día siguiente podrá continuar la marcha con la ropa húmeda.
    • Nunca deje la ropa húmeda a la intemperie, se congelará y al ponérsela al día siguiente provocará una gran pérdida de calor. Manténgala en lugar resguardado.
    • Si la ropa está seca, puede y debe utilizarla como aislante entre su saco y su funda de vivac. Si no lleva funda de vivac sitúela bajo el saco o como almohada.
  • Si va a moverse en ambiente frío, lleve siempre un gorro, unos buenos guantes y unos buenos calcetines de repuesto en su equipo.
    • Evite su pérdida. Podría llegar a ser muy peligroso. Llévelos adheridos a alguna parte de su equipo.
  • No utilice los guantes para trabajar con la nieve a menos que tenga otros de repuesto. Lleve unos guantes de goma o neopreno para trabajar con ella.
  • Recurra al ejercicio físico como medio para entrar en calor solamente en último extremo. En ese caso, realice el mínimo imprescindible y sin brusquedad; con él estará consumiendo su reserva de energía.
  • Los fuegos para calentarse le proporcionarán una energía calorífica externa; con lo cual no tendrá que consumir sus energías de reserva. Preste atención al consumo de combustible y a la seguridad.
CSI Mi Intoo: Durante el desarrollo del Curso de Supervivencia Invernal permanecía junto a mis alumnos vivaqueando en mi propio refugio de emergencia. en aquel momento, un intoo en bosque nevado.

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