TURBANTE

TIPO SAHARAUI, CURSO SUPERVIVENCIA ZONAS ÁRIDAS

Aunque hoy es asimilado al islamismo, sus orígenes son muy anteriores a él, teniendo conocimiento de su empleo en la cultura mesopotámica, nacida entre los ríos Tigris y Eufrates (actual Irak) entre el 6.000 y el 5.000 antes de Cristo. Sea cual fuera su origen,  a lo largo del tiempo, en sus múltiples versiones, se extendió desde la India hasta el Sahara Occidental.

Si bien su uso alcanza elevadas connotaciones culturales y religiosas, en su origen podemos considerarlo como la prenda por excelencia de protección de la cabeza contra el calor abrasador de los habitantes de las zonas desérticas, los beduinos y los bereberes.

Mientras que los beduinos (nombre proveniente del árabe que significa "moradores del desierto") son originarios de la península Arábiga, que con la llegada del Islam se extenderían hacia Occidente, los bereberes lo son del Norte de África, ocupando sus distintas etnias los desiertos de Arabia y el Sahara y sus bordes. Entre dichas etnias se encuentran los Tuaregs y los Saharauis o Hassanies.

FUNDAMENTO:

Su efecto protector se fundamenta en la intervención de los siguientes mecanismos:

El enfriamiento por evaporación; el denominado "efecto botijo".

La reflexión de los rayos calóricos emitidos por el Sol.

La absorción de la radiación ultravioleta emitida por el Sol.

El enfriamiento por evaporación, el "efecto botijo":

El enfriamiento por evaporación constituye un mecanismo físico tan simple como eficaz:

Cuando la pared porosa de la arcilla que conforma el botijo exuda el agua que la atraviesa desde el interior, al evaporarse por efecto de la temperatura exterior (transformación endodérmica de líquido a gas), extrayendo el calor latente de vaporización del agua interior, la enfría.

La eficacia del botijo para enfriar el agua interior dependerá de la temperatura ambiente, la humedad relativa del aire, la presión atmosférica y el volumen de agua en su interior.

En 1.994, los profesores (Catedráticos) de la Universidad Politécnica de Madrid, D. Gabriel Pinto Cañón y D. José Ignacio Zubizarreta Enríquez llevaron a cabo un trabajo sobre "El enfriamiento del agua contenida en un botijo", cuyos resultados fueron recogidos en la publicación: J.I. Zubizarreta, G. Pinto, “An ancient method for cooling water explained by means of mass and heat transfer, Chemical Engineering Education, Vol. 29, pp. 96-99 (1995), cuyos resultados transcribo: 

Resultados experimentales:

 En un botijo clásico se introdujeron 3,2 litros de agua a 39 ºC y se sometió a un ambiente con esa misma temperatura y humedad relativa del 42%.

"Comprobé que nuestro botijo, en 15 minutos perdía 20 gramos de líquido y conseguía que la temperatura descendiera 2 grados; en una hora ya eran 8 grados menos, y en tres horas, 13 grados. Se observó que, en unas 7 horas el agua se enfría 15 ºC, alcanzando los 24 ºC. A partir de ese momento, el agua empieza a calentarse muy lentamente y, en la fase final, al cabo de tres días, la temperatura de las últimas gotas que quedan de agua es prácticamente la temperatura del ambiente. Se sugiere ver en el artículo original, citado al principio, los detalles y figuras de las variaciones con el tiempo de la masa de la temperatura del agua.

Teniendo en cuenta que la cabeza posee multitud de glándulas sudoríparas, a través de las cuales podríamos llegar a perder hasta un litro en una hora y un importante circuito de irrigación sanguínea, podemos considerarla como un botijo; de hecho, tanto en ambientes fríos como cálidos, proporcionalmente, es por la cabeza por donde más calor perdemos (ambiente frío) o cedemos (ambiente cálido). 

Si bien por si sola, sin protección ya actúa como tal botijo, al enfriarse como consecuencia del sudor que baña la superficie de piel que la rodea, al protegerla con el turbante, siempre que la humedad relativa del aire no supere el 60%, potenciamos su enfriamiento al conseguir que la evaporación se lleve a cabo por extracción del calor latente del sudor situado entre la epidermis y la tela del turbante y por evaporación del acumulado por efecto del calor exterior.

Como consecuencia:

Las vueltas del turbante tienen que quedar ajustadas pero no apretadas y las distintas retorcidas que se le dan tampoco deben ser muy apretadas; ya que perderíamos espesor y lo más importante, porosidad: 

Reflexión o absorción de la radiación solar:

Aunque por el momento no he podido llegar a una conclusión que me permita tomar una decisión al respecto, lo que si está claro es que reflexión y absorción son dos factores antagonistas.

Esto es un hecho físicamente demostrado: Mientras que la reflexión, que se consigue utilizando tejidos claros, irradia los rayos caloríficos solares disipando el calor, la absorción, que se consigue empleando tejidos oscuros, los concentra aumentando la temperatura.

Dos teorías enfrentadas:

Hay quienes (no he localizado ningún estudio científico al respecto), se inclinan por el color oscuro arguyendo que Pueblos como el Saharaui o el Tuareg, utilizan prendas oscuras. En los primeros el turbante tradicional es negro y en los segundos índigo.

En contra, teniendo en cuenta el trabajo llevado a cabo por el científico Adolfh Rochester en su "Estudio sobre el hombre en el desierto", aboga por los colores claros como solución para ahorrar agua, de la cantimplora y del cuerpo.

 Un dicho del Sahara dice:

 “Es el agua de tu cuerpo, no la de tu cantimplora, la que te mantiene con vida”.

 

 

 

 

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